Curar Y Reinsertar (Tesis Sobre Unidades Terapéuticas Y Educativas)

Entramos en la última mentira impulsada por el gobierno español. La cárcel terapéutica y los módulos de respeto: laboratorios de experimentación de un nuevo modelo de gobierno de la población reclusa.

En pocas palabras: la institución penitenciaria oferta “mejores” condiciones de captura a cambio del control permanente de la vida de las personas privadas de libertad. Te hacen firmar un contrato terapéutico y tu vida pasa a depender del examen permanente del equipo de tratamiento: guardias, psicólog@s, psiquiatras, educador@s, maestr@s, agentes sociales, ONGs… instituyen el nuevo tribunal de la conducta. Ellos y ellas, viejos y nuevos funcionarios de prisión, reciclan su rol social, tratan desprenderse de su estigma, y aportan pequeños pero importantes cambios a sus salarios y a sus condiciones laborales. Algunos guardias se harán educadores, otros se harán terapeutas. Trabajan para valorar cotidianamente el grado de obediencia a las actividades diaria, redactando informes, recopilando informaciones, atravesando espacios que hasta hace poco les eran prohibidos.

La institucionalización de la vida de la personas reclusas pasa por el examen permanente de la conducta.

Si eres positiv@ estás apt@ para reinsertarse en sociedad mediante un trabajo mal pagado, precario, completamente privado de los derechos sindicales básicos. Tu vida será tu trabajo y tu trabajo será tu vida. Los guardianes de tu nueva vida serán personas que ganarán su sueldo gracias a tu obediencia y explotación. Además de los guardias-educadores, una persona que pasa por el tratamiento de una cárcel terapéutica y de un módulos de respeto se encontrará, desnudado de sus derechos, en medio de un entramado de ONGs que  hacen comercio de la solidaridad. Empresas totales de una industria solidaria que se superpone a la acción de castigo de la institución penitenciaria: agencias de control y vigilancia que se instalan en el territorio y se hacen cargo de trasladar los dispositivos de control policiales propios de la cárcel en el territorio.

Si eres negativ@, tendrás que esperar dentro de tu celda, en la cotidianidad del patio, en la rutina de las actividades que el equipo terapéutico te oferta para examinar y moldear tu conducta. El contrato terapéutico te obliga   a aceptar el tratamiento que te impone el educador: no podrás interponer denuncias y tendrás que renunciar a tus derechos básicos (vis a vis, permisos…) para seguir esperando el día en el que el equipo de tratamiento premiará tu conducta.

Dice la institución penitenciaria que el objetivo es humanizar la cárcel. Pero, ¿qué quiere decir humanizar una institución inhumana?

Este trabajo de campo se centra sobre este proceso de humanización y desvela el mecanismo institucional que hace más vulnerable la persona reclusa a las condiciones de comando de la cárcel. La cárcel terapéutica y los módulos de respeto instituyen su verdad y se hacen empresas: someten la vida de la persona privada de libertad al trabajo precario, sancionan todo tipo de conflicto, restringen los derechos básicos del prisionero y del trabajador, expulsan a l@s refractari@s que cuestionan sus formatos de comando, premian las personas que aceptan sus condiciones de obediencia. Pretenden instituir un nuevo tipo de instituid@ a su imagen y semejanza. Es el último eslabón del sistema de grados que crea cárceles dentro de la cárcel. Tienes que hacer a sus necesidades, estar permanentemente disponible a su disciplina, romper la relación de solidaridad con tu compañero@ de patio, renunciar a tu identidad, orientar tus habitus según el diagnóstico del equipo de tratamiento. Tendrás que hacer de ti un ser de y por la institución que te encierra.

El chantaje es claro: la cárcel terapéutica y los módulos de respeto son, en este momento, la única fórmula de “pillar calle” antes  del cumplimiento total de la condena.  No hay otra. O cárcel tradicional o cárcel terapéutica. Ambas se superponen: no existie la terapéutica sin el aislamiento. No existe FIES sin ONGs. Es un proceso de totalización de las condiciones de vida cotidiana muy parecido a lo que se promueve en el sector empresarial. La cárcel terapéutica funciona como una empresa total: su economía del castigo está orientada a obtener beneficios de la gestión, contención, vigilancia, terapeutización de la persona en proceso de reinserción.

Pretenden convencernos de que otra cárcel es posible. Abren nuevas cárceles y las llaman macrocárceles: son ciudades punitivas, con sus calles, rincones, celdas. Se dividen en barrios terapéuticos y no terapéuticos. Dicen que con estas nuevas cárceles habrá una tratamiento más humano. Y más humano quiere decir que habrá  aislamiento y tortura para el prisionero politizado, la prisionera que mantiene firme su conciencia, la refractaria, el lumpen… Y habrá tratamiento para la persona que actúa en el teatro terapéutico, para la persona privada de libertad que no tenga más opciones que recurrir a la ayuda de la institución que lo segrega

Se trata entonces de repensar la cárcel terapéutica y los módulos de respeto como empresas  en las que todo horizonte de dignidad y autonomía está entregado al carcelero-terapeuta que lo administra como ganancias propias, para mejorar su condición salarial, para limpiar su estigma. La cárcel terapéutica como manifestación más siniestra de la simbiosis vital entre cárcel y territorio, impulsada por la economía perversa del entramado de ONGs que trabajan para extender el control, la vigilancia y el examen permanente fuera de los muros de la prisión.

Entonces es cuando la cárcel se fuga de sus propios muros: entra como un virus en nuestros barrios, en nuestras relaciones sociales, en nuestro trabajo cotidiano. ¿Cómo? Mediante la acción y la violencia cotidiana de ONGs encargadas de cogestionar la mentira de la reinserción social y laboral de la población reclusa. Mediante una acción policial que se retroalimenta del examen permanente de la vida de la persona privada de libertad (de sus familiares, amig@s, sentimientos, comunidades sociales), dentrofueradentro de los muros, el entramado empresarial “solidario” se extiende. La llaman reinserción y no es más que un proceso de valorización del capital que engulle centenares de vidas humanas: puestos de trabajo precarios, mal pagados, privados de todo derecho sindical son las promesas nunca mantenidas de esta industria del castigo solidario.

Leer trabajo sobre Unidad Terapéutica y Educativa

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