Por Muy Moderna Que Sea, Una Cárcel Sigue Siendo Una Cárcel

Norte II ya está casi terminado y entrará en funcionamiento a comienzos de 2012. Es el aséptico nombre que recibe la nueva cárcel de Iruñea, construida en la colina de Santa Lucía y que ayer recibió la visita de Mercedes Gallizo, responsable de Instituciones Penitenciarias. Por cierto, Norte I es la nueva prisión de Langraiz, y Norte III, la de Zubieta.

La nueva cárcel de Iruñea se sitúa cerca del polígono de Agustinos, a la vista del centro comercial de Eroski y de la ITV. Según destacó Gallizo en su visita de ayer, el objetivo del nuevo complejo es sustituir a la vieja cárcel del barrio de Donibane, construida en 1907 y que se encuentra «obsoleta, ya que no responde para nada al modelo penitenciario del siglo XXI, basado en la actividad, en la participación, en la educación y en la reinserción».

Para ello, el deporte es uno de los elementos de Instituciones Penitenciarias, «no sólo como forma de emplear el tiempo libre y entretenerse, sino porque el cuidado del cuerpo tiene que ver con el de la salud y con establecer nuevos parámetros de conducta y de forma de estar con el mundo», dijo Gallizo.

De este modo, la nueva cárcel dispone de gimnasios, frontón y piscina, «terapéutica, no recreativa». El equipo de Gallizo quiere dejar claro que los presos sólo acceden a la piscina cuando les corresponde. A cada módulo le toca una vez a la semana. Junto a ello, destacan que el caso de Iruñea no es excepcional y que todas las cárceles construidas por el Gobierno español desde la década de 1990 cuentan con piscinas.

Junto a ello, la directora de prisiones hizo un llamamiento a los empresarios navarros a «colaborar con la reinserción» participando en los talleres. «En tiempos de deslocalización, las cárceles pueden ser una buena alternativa», destacó.

La terminología oficial puede hacer olvidar que estamos visitando una cárcel. A los presos les llaman «internos», a las celdas «habitaciones», los módulos son «residenciales» si acogen celdas u «ocupacionales» si albergan talleres. También hay un módulo de aislamiento, llamado de «régimen cerrado» en el lenguaje oficial. Incluso el nombre de cárcel que aparece en la puerta de la prisión de Donibane se considera «obsoleto». En el siglo XXI, se llaman «centros penitenciarios».

Los responsables de la nueva prisión quieren subrayar las ventajas de las mismas: no hay torres de vigilancia, «ya que una cárcel nueva es más fácil de controlar que una vieja»; las celdas son más amplias, ya que en las prisiones viejas miden diez metros cuadrados y en Iruñea llegan a los trece; y, además, existe un área destinada especialmente a quienes han accedido al tercer grado y sólo tienen que ir a la cárcel a dormir. Se llama «Centro de Inserción Social» y tiene 51 «habitaciones dobles». Se distinguen de las celdas normales en que las estanterías no son de cemento y el baño está cerrado y es más parecido al de una casa. No está construido con «elementos antivandálicos».

Más de mil plazas

Conocer cuántos presos habrá en la nueva cárcel de Iruñea es una tarea compleja. Oficialmente hay 504 celdas con literas de dos camas, por lo que podría albergar a 1.008 presos. A esta cifra hay que añadirles 120 plazas «complementarias»: las de la enfermería y el módulo de tránsitos entre ellas.

«Pero esta cárcel no va a funcionar a mil», destaca Gallizo, que subraya que «la población penitenciaria española ha comenzado a descender en los dos últimos años».

Estas cifras contrastan con las expuestas en un informe que Salhaketa hizo público en setiembre, en el que se destacaba que la media de ocupación de las cárceles en el Estado español es de tres presos por celda, por lo que Santa Lucía podría albergar hasta 1.200. Esta asociación alertaba que esta cifra supone multiplicar casi por seis el número de presos que alberga la cárcel de Donibane, situada en torno a las 250 plazas.

En este sentido, Salhaketa denunciaba que las asociaciones que trabajan en la asistencia de los 250 presos encarcelados en Donibane no dan abasto para atenderles, ya que los recursos de las administraciones son escasos, y alertaba de que no se prevé incrementar los recursos asistenciales pese al aumento del número de presos, por lo que la situación se complicará.

Otro aspecto sobre el que incidía el informe de Salhaketa es que la capacidad de la nueva prisión de Iruñea excede notablemente las necesidades penitenciarias de Nafarroa, por lo que advertía de que Santa Lucía puede convertirse en destino de presos de otras partes del Estado español en un intento de aliviar la masificación que tienen la práctica totalidad de las cárceles. En este sentido, subrayaban que alejar a los presos de sus lugares de origen para traerlos a Nafarroa aumentará su desarraigo y complicará su reinserción, oficialmente el objetivo principal de la nueva cárcel.

Gara

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