Construir Cárceles, Una Industria Boyante

Los recortes en el gasto público no parecen haber afectado a la construcción de nuevas cárceles. A lo largo de este año, está previsto que entren en funcionamiento, en el Estado español, varios centros penitenciarios, entre cárceles, centros de inserción social y unidades de madres. Este boom constructor se enmarca en el plan de creación de 46 nuevos centros penitenciarios, incluidas once cárceles, entre 2006 y 2012, que se marcó el actual Gobierno, como solución al enorme crecimiento de población penitenciaria.

A pesar de que el territorio español cuenta con casi 80 prisiones, actualmente se están construyendo o ultimando los centros penitenciarios de Murcia II, Las Palmas II, Norte I (o de Zaballa, en Álava), Norte II (en Navarra), Menorca y Lanzarote, además de los centros de inserción social (centro de tránsito hacia la vida en libertad) de Valladolid, Madrid II, Jerez de la Frontera, Ceuta, Pamplona (en Zubieta) y la Unidad de Madres de Madrid. Y se han inaugurado durante este año también el centro de inserción social de Albacete y el de Murcia; a lo que hay que sumar los movimientos de tierra que ya se están realizando para los futuros centros de Ceuta, Soria y Málaga II, en paralelo con las pertinentes gestiones para construir otro más en la Comunidad Valenciana –Levante II–,y Norte III, en Gipuzkoa, etc. Esta frenética construcción de equipamientos penitenciarios es el resultado del actual Plan de Amortización y Creación de Centros Penitenciarios 2005-2012.

Según explica César Manzano, de la asociación de apoyo a las personas presas Salhaketa, dicho plan “es del ‘91 pero se reeditó cuando el PSOE volvió al poder en 2004. Aprobaron en dos consejos de ministros dedicar 3.000 millones de euros para construir cárceles”.De este plan, la mayor parte se la llevan las macrocárceles. Este último modelo de prisión tipo conlleva una cuantiosa inversión en cerca de 30-35 hectáreas de terrenos comprados, proyectados, licitados, construidos y equipados por un organismo que depende de Interior a través de la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias, y que recibe el nombre de Sociedad Estatal de Infraestructuras y Equipamientos Penitenciarios (SEIP). Creada en 1992, la SEIP es una voluminosa empresa pública de la que apenas oímos hablar, que crece, a pesar de que el presupuesto para prisiones disminuye (el presupuesto para prisiones es de 1.183.734.300 euros en 2011, un 4,09%menos que el año anterior) lo que parece poner sobre la mesa una extraña cuestión: hay más plazas penitenciarias, pero menos recursos.

“Cuentas saneadas”

Dirigida desde 2008 por Ángel Martínez Sanjuán, exsecretario general del PSOE de La Rioja, la SEIP en su memoria anual de 2010 presume de tener “unas cuentas saneadas, y equilibradas”, amén de una gestión que se mira “en los principios de la transparencia, cercanía y eficacia”.Transparencia un tanto extraña, ya que la solicitud de entrevista a sus responsables de DIAGONAL fue rechazada por su departamento de comunicación alegando que “la política de la empresa es la de no ofrecer entrevistas”.

Pero la memoria de la SEIP habla por sí sola: la actividad carcelaria se ha vuelto un negocio rentable que no sólo genera beneficios aquí, sino que ha dado un salto al “establecer una estrecha relación con organismos y empresas españolas que participan en el desarrollo de los intereses nacionales fuera de nuestras fronteras”. Dicho en otras palabras, a través de múltiples convenios,la SEIP está participando en el diseño, construcción, equipamiento y puesta en funcionamiento de prisiones en Angola, Brasil, Qatar, Chile, Costa Rica, Emiratos Árabes Unidos, México, Nicaragua, Noruega, Paraguay, Uruguay y Agen.

En el Estado español, con la media de presos más elevada de la UE, la construcción de macrocárceles está en pleno apogeo y la extensión en hectáreas de las mismas también nos sitúa a la cabeza de los países de nuestro entorno. Unas nuevas macrocárceles ubicadas cada vez más lejosde los núcleos de población, quegeneran además desadaptación social y desvinculación familiar.

Si la media de las cárceles europeas es de 593 plazas, según explicó el sociólogo Pedro Cabrera en una charla durante unas jornadas organizadas por Instituciones Penitenciarias, aquí, la media es de 923 plazas por cárcel. Los nuevos centros tipo españoles (que añaden como ventaja una celda que tiene 13 metros cuadrados en vez de diez) cuentan con 1.008 celdas. Pero aunque la Ley General Penitenciaria recoge que tiene que haber sólo una persona por celda, la realidad es que normalmente son dos quienes la ocupan. Como la SEIP ya prevé esta sobreocupación, en las celdas hay literas, por lo que las cárceles pasan a tener más de 2.000 plazas.

“Lucha contra los pobres”

Sin embargo, frente al aumento de plazas carcelarias, la dotación de medios no ha crecido en la misma proporción, un hecho que manifiestan constantemente sindicatos de funcionarios de prisiones, presos y sus familiares, y las mismas entidades sociales que trabajan con los reclusos.Como no hay fondos suficientes para tantas personas privadas de libertad,“este tipo de recursos se externalizay lo que debiera asumir Instituciones Penitenciarias” lo asumen en la medida de sus posibilidades casi 600 entidades sin ánimo de lucro y ONG que trabajan en prisión, resalta Cabrera.

Pese a los cambios en los tipos de cárceles, su clientela no ha variado mucho. El tipomedio del preso sigue siendo el mismo: 40% trabajadores no cualificados, 50% con estudios primarios, 8% analfabetos, extranjeros sin papeles cuyos proyectos migratorios han fracasado, etc. Y los delitos más comunes que terminan en prisión son los relacionados con el patrimonio y contra la salud pública, más visibles frente a los ‘de cuello blanco’. Según sostiene Manzano,“hay que romper con la idea, muy relativa, de que la cárcel, o el sistema penal, tienen que ver con la delincuencia. Es un sistema en el que han caído los peces que han sido atrapados. El 99% de los delitos, según numerosas investigaciones criminológicas, no son ni percibidos, ni perseguidos, ni penalizados, ni sus autores van a prisión. Como dicen los propios presos: ‘En prisión no estamos los delincuentes, sólo una parte ínfima de los delincuentes, que somos los delincuentes fracasados’”.

Según Cabrera: “La lucha contra la pobreza se ha convertido en la lucha contra los pobres” en una sociedad“que es incapaz de integrar el conflicto” y cuya tendencia es unacarrera desenfrenada en la obsesión por la seguridad, el fomento del miedo al otro como política, el populismo punitivo, el control social y la privatización del castigo”,que trae consigo un incremento tan elevado de los encarcelamientos. Para el profesor de Derecho Penal Julián Ríos, “la escandalosa y objetivable desproporción entre los recursos humanos y materiales empleados en la vigilancia y los dedicados a la reinserción social” hacen “difícilmente conciliable el objetivo educativo y socializador otorgado constitucionalmente a la pena”.

CIFRAS MILLONARIAS

111.000.000 de euros de media

EL IMPACTO SOCIOECONÓMICO

Según el primer estudio hecho en 2008 por la SEIP sobre el impacto socioeconómico de la apertura de un centro, una de las nuevas macrocárceles tipo–con 1.008 celdas y más de 35.000 hectáreas– genera no menos de 684 puestos de trabajo directos (501 funcionarios, 83 laborales y 100 guardias civiles) y 17,6 millones de euros en sueldos. Entre los 22 y 26 meses que dura su construcción una macroprisión tipo necesita de 853 personas para levantarla, entre trabajos directos e indirectos y el Estado paga a las concesionarias privadas que la construyen unamedia de 110,6millones de euros, un negocio equivalente a levantar una urbanización de semilujo para 400 familias, con la ventaja de que no hay que venderlos en plena recesión.

TODO PARA EL PRESO SIN EL PRESO

Según sostiene César Manzano, de la asociación Salhaketa, según los datos de los presupuestos generales del Estado, “una plaza carcelaria cuesta anualmente entre 30.000 y 36.000 euros, de los cuales la mitad se han ido o se están yendo en toda esta última década en la construcción de macrocárceles, es decir, a empresas privadas que se lucran con su construcción”.

De los otros 18.000, 12.000 euros se van en pagar a funcionarios y personas que viven de mantener encerradas a las personas presas, y los últimos 6.000 euros en pagar gastos corrientes y servicios –la luz, el teléfono, etc.–. “Para los presos no queda nada, lo justo. ¿Qué tiene que ver esto con la rehabilitación y la reinserción?”, se pregunta Manzano.

ENTREVISTA A CÉSAR MANZANO BILBAO, DE SALHAKETA: “Siempre se justifica la necesidad de más cárceles”

Presentadas como avances y mejoras en la situación de los presos, las macrocárceles son, sin embargo, rechazadas por los colectivos que trabajan con ellos.

La asociación Salhaketa, ‘denuncia’en euskera, nació en 1982 para apoyar y reivindicar “la dignidad de todas las personas presas, y denunciar las condiciones de vida en las cárceles”. César Manzano, profesor de la UPV, especialista en sociología del delito es, quizá, una de sus voces más conocidas.

DIAGONAL.: ¿Por qué criticáis las macrocárceles?

CÉSAR MANZANO: El modelo de la macrocárcel es una importación de los modelos penitenciarios impulsados hace ya varias décadas por las empresas multinacionales, fundamentalmente con sede en EEUU.Básicamente porque es una forma de construcción barata, es un sistema modular de cárcel que es muy versátil, y porque es un modelo que tiene muchas ventajas en cuanto a lo que al propio negocio de las macrocárceles se refiere: el mantenimiento de estas infraestructuras es caro. Quien construye estas macroprisiones termina, muchas veces, gestionando cuestiones relacionadas con su mantenimiento, su reparación, abastecimiento, etc. Por ejemplo la macrocárcel de Zaballa, la que han construido en Nanclares de la Oca (Araba), ha costado 116 millones de euros pero se calcula que cuesta entre 30 y 40 millones mantenerla anualmente. Estos macrocentros representan un negocio importante para la industria penal.

Llamamos macrocárcel a aquella cuya capacidad supera las 400 o 500 personas presas, cuando no hay inmediatez o intermediación en las relaciones, cuando los funcionarios no tienen por qué tener relación personal, ya que todo se realiza con sistemas de vigilancia electrónica, no hay conocimiento ni contacto. El tamaño de estas prisiones hace, lógicamente, que se le dé aún mayor importancia si cabe –respecto de cárceles menores– a los criterios de vigilancia y contención sobre cualquier otro criterio de relación humana, por no mencionar ya criterios de reinserción o rehabilitación o cosas similares. Se deshumanizan las situaciones porque no hay relación cara a cara entre los funcionarios, las personas presas y sus familiares.

El que estas cárceles estén pensadas para reforzar la vigilancia y la contención tiene que ver con que, muchas veces, atentan contra derechos fundamentales. Tienen algunas instalaciones –que si una piscina terapéutica, que si un taller…–que son lo que las industrias mediáticas suelen reflejan al describir estas macrocárceles, olvidando que son espacios a los que, por cierto, los presos acceden de manera muy circunstancial, no son lugares de uso habitual. Lo que no enseñan es que, por ejemplo, en las celdas hay dos presos que duermen en literas, en un espacio muy reducido, cuando la Ley Penitenciaria dice que tiene que haber una unidad habitacional por preso.

D.: Has hablado de la industria del control del delito, ¿a qué te refieres?

C.M.: La industria de control del delito es la que se está encargando progresivamente de sustituir el Estado social por el Estado penal. Básicamente estamos asistiendo a una involución que viene de las políticas de ley y orden de EEUU, que se fundamenta en la idea de la tolerancia cero con la pobreza, con la disidencia, con la extranjería y tolerancia total con el delito, con el delito económico, con los delitos que atentan contra los intereses generales. Se generaliza el castigo penal a todo el cuerpo social, se trata de punir cualquier tipo de acción –real o potencial–en los sujetos que formamos parte de la sociedad. Claro, esta industria es un sistema global, no solo es la cárcel, o el sistema policial o el sistema de justicia criminal. Es la generalización de la concepción a todos los ámbitos, el vecindario, la familia, la escuela, etc. según la cual los conflictos tienen que ser castigados, tienen que ser penalizados. Esta industria opera de una manera muy sencilla: incremento de la inversión pública en gastos que tienen que ver con la penalización, con operarios judiciales (jueces, fiscales, abogados, etc.), policiales, y luego todo ese cuerpo que hay paralelo de psiquiatras, médicos, asistentes sociales, que trabajan en ámbitos más blandos del control y en medidas que se llaman “complementarias”.

La cárcel es el ejemplo más recurrente: en el Estado español tenemos un total –sumando las de Catalunya– de 75.000 personas presas, casi 30.000 funcionarios de prisiones que cobran por mantener a esas personas presas, más de diez mil vigilantes de los cuerpos de seguridad del Estado. Tenemos toda una serie de empresas de abastecimiento, mantenimiento, reparación, etc. Así que de una persona presa vive muchísima gente. Y esto sólo en lo que se refiere a la industria carcelaria. La industria penal es mucho más amplia.

D.: ¿El Plan de Amortización de Centros Penitenciarios ha significado alguna mejora para los presos?

C.M.: Actualmente hay 58.000 plazas carcelarias reales para 75.000 presos, el número de plazas está muy por debajo del número de personas presas, pero seguirá igual por mucho que se construyan macrocárceles. La población carcelaria ha aumentado, en estos últimos años, a un ritmo de 4.000 a 5.000 personas en prisión al año. No sólo porque hayan entrado más personas y aumentado los sujetos criminalizados, sino porque se han alargado las condenas en muchos delitos, y se han reducido los beneficios penitenciarios. El sistema penitenciario está siempre colapsado y siempre se justifica la necesidad de la construcción de más prisiones. Este sistema carcelario, como todo negocio, crece en función de la oferta y la demanda: cuantas más plazas carcelarias haya, más personas habrá en prisión. No es al revés.

http://www.diagonalperiodico.net/Construir-carceles-una-industria.html

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