Contenido De La Mesa Redonda Sobre La Tortura A Propósito De La Obra José K Torturado

El pasado 18 de enero se celebró una mesa redonda sobre tortura con motivo de la puesta en escena de la obra José K Torturado, moderada y coordinada por Jorge del Cura de la Plataforma para la Prevención de la Tortura, asistieron Estabán Beltrán, director de la Sección Española de Amnistía Internacional; Isaac Rosa, periodista del diario Público y Manuela Carmena, magistrada emérita y ex vocal del Consejo General del Poder Judicial.

Director de la Sección Española de Amnistía Internacional.

Estebán Beltrán.

Voy a empezar recordando que la tortura está prohibida en todos los casos. Parece algo obvio. Es importante recordarlo. No se puede torturar un poquito. No hay torturas relativas. No hay razones que signifiquen que se puede torturar. No se le puede torturar a alguien porque es un asesino en serie o un terrorista. Simplemente, no se puede torturar. Es algo que los estados acuerdan después de la IIª Guerra Mundial. En diciembre de 1984, al aprobarse la convención contra la tortura, lo convierten en prohibición absoluta. Nadie puede ser sometido a tortura. Esto además luego se desarrolla con una serie de normas internacionales. La más importante de ellas es un protocolo facultativo que habla de cómo se debe prevenir la tortura. Se firma en el año 2002. Este tratado, la convención contra la tortura funciona un poco como el doctor Jekyll y Mister Hyde. En un primer momento, es uno de los tratados más ratificados por los estados. En total lo ratifican 147. Todos se comprometen a no torturar en ningún caso. Sin embargo, la tortura sigue siendo practicada por muchos de estos estados que lo han ratificado. Pero ¿por qué en muchos casos las fuerzas de seguridad torturan? En primer lugar, porque la prohibición mundial de la tortura está siendo socavada por miles de excepciones. Prácticamente, ningún gobierno se atreve a decir yo torturo a mis ciudadanos a diferencia de la pena de muerte, en que hay estados orgullosos de aplicarla y lo hacen público en estadios llenos de gente y en presencia de niños. La tortura no. Es la más clandestina de las violaciones de los derechos humanos. Ha habido algunas excepciones en los últimos años. Por ejemplo, el Tribunal Supremo de Israel aprobó permitir “la presión física moderada”. Interesante expresión. El gobierno de EE.UU. permitió las “técnicas agresivas de interrogatorio”. Este lenguaje utilizado muestra también que no reconocen que torturan. Los estados recurren a un caldo de cultivo, de políticas, directrices, protocolos que utilizando un lenguaje técnico es el caldo de cultivo de la tortura, y a veces, convierte la excepcionalidad en la regla. ¿Cuál es el argumento fundamental? Hay dos. Pero últimamente, el argumento fundamental para torturar es la amenaza del terrorismo. Es el gran argumento para desobedecer el derecho internacional y cometer violaciones de los derechos humanos.

Contraponer los derechos humanos a la seguridad, reprimir la resistencia pacífica, mantener a personas recluidas sin cargo ni juicio por tiempo indefinido, la desaparición forzada, el régimen de incomunicación que permite aislar a las personas y restringir sus derechos… no es más que el caldo de cultivo de la tortura. Sin decir que voy a torturar, crea un caldo de cultivo para hacerlo. Por ejemplo, la detención administrativa: alguien que es detenido por mucho tiempo por orden administrativa sin supervisión de un juez. O la detención en régimen de incomunicación o la desaparición forzada. El caldo de cultivo de la tortura es el hermetismo, el aislamiento. Y es en ese momento cuando las personas detenidas están expuestas a sufrir tortura, malos tratos, vejaciones… Todos sabemos que las víctimas de desaparición forzada suelen ser torturadas y suelen ser matadas en secreto. No tienen forma de saber si sus seres queridos están vivos o muertos. Y ese mismo tormento por sí mismo constituye tortura. Todo este régimen excepcional no lo es tanto y sufrió una aceleración el 11 de septiembre de 2001 tras los atentados contra las torres gemelas y el pentágono. En la llamada Guerra contra el Terror, una guerra que se libró sin reglas y que constituye un pretexto para detenciones ilegales, tortura y desapariciones forzadas desde un régimen democrático, que es quizás lo más grave. Qué hicieron las fuerzas estadounidenses: simularon el ahogamiento, mantuvieron en suspensión en posturas dolorosas, utilizaron técnicas de supresión del sueño… y esta actitud ante la prohibición de la tortura transmite el mensaje de que muchas veces los detenidos no son personas sujetos a derechos, sino que simplemente son sujetos que dan información o pueden darla. Lo que llamaban el gobierno estadounidense “personas de alto valor” pero no por ser personas sino personas de alto valor informativo. Y es ese contexto, cuando despojas a la persona de su condición de persona o crees despojarla y le das otros atributos. Y esto es lo que llamaríamos el legado tóxico para los derechos humanos que se ha extendido después del 11 de septiembre, que permanece. El lenguaje utilizado es muy importante para descifrar cómo se ocultan la tortura y los malos tratos. Por ejemplo, en China donde la tortura es sistemática, detienen arbitrariamente a la gente hasta dos o tres años simplemente porque el policía dice que se le debe detener. Y muchos de estos sufren tortura. Las autoridades chinas lo llaman “reeducación por el trabajo”. En Israel el Tribunal Supremo lo llama “presión física moderada”. Ahogar a un detenido en agua 182 veces (hay un funcionario que documenta cada vez que se le ahoga) se le llama “técnica agresiva de interrogatorio”. En los últimos años países como Italia, Suecia, España o Reino Unido han entregado prácticamente sin ningún trámite judicial a detenidos a países donde se les torturaba. Se han entregado. ¡Esto está prohibido! ¿Cuál es el lenguaje que han utilizado los estados para hacer esto? “Garantías diplomáticas”. No está nada mal como lenguaje. No van a ser torturados. Son garantías. No vale el papel en que está escrito eso: van a ser torturados. Pero sí vale el papel en que queda registradas las “garantías diplomáticas”. Hubo un caso en el que Suecia envió a una persona a Quito… Todo el mundo decía que no se iba a torturar. Pues en el avión fue torturado. Y esto son las garantías diplomáticas. Otras veces lo llaman “entregas extraordinarias”, que tiene como un elemento surrealista, que es cuando mandan a alguien sin ningún trámite, o cuando es secuestrado en un lugar y enviado a otras fuerzas de seguridad para que sea detenido. Alrededor de la excepción, del disimulo de la tortura, existe un lenguaje que en el fondo profundiza en la práctica de la tortura. Quiero hablar y con esto termino, de la situación en España. La tortura no es sistemática porque no es una política de gobierno, pero son mucho más que casos aislados. ES el único país de la Unión Europea que conserva un régimen de incomunicación con restricciones tan severas para los derechos de las personas detenidas. Como bien saben, las personas acusadas de terrorismo, tanto en régimen de detención como en régimen carcelario, es de trece días; una tutela judicial que no se produce en muchos de los casos. Además, no tienen acceso a un abogado de su elección; el abogado prácticamente no se pude comunicar con su cliente, el abogado de oficio; no tienen un forense, además del oficial, de su elección, etc. Además, las denuncias por torturas cometidas durante el régimen de incomunicación no prosperan porque no son adecuadamente investigadas. En España existe un problema de investigación de la tortura. Muchas veces esta investigación, y ha sido el propio Tribunal Europeo de Derechos Humanos y en algunas casos el Tribunal Constitucional español, el que ha condenado varias veces a España por no investigar los casos de torturas. Existe una falta de reconocimiento de la práctica de tortura. Cuando no se reconoce que hay un problema no se contribuye a resolver. Estamos hablando también de que el gobierno español ha continuado enviando a personas a países donde corren el riesgo de ser torturados y esto constituye una violación de tratados de los que España es parte. Por lo tanto, en España los dos elementos fundamentales es que sigue habiendo una legislación excepcional y que esa legislación que contribuye a crear un caldo de cultivo de la tortura que es el régimen de incomunicación, que no se investiga adecuadamente, ni por parte del juez ni de los policías. Y el tercer elemento es que la reparación y el reconocimiento es prácticamente inexistente. Hicimos un estudio sobre reparación y reconocimiento de las víctimas de la tortura y, primero, se utilizaba el baremo de las víctimas de accidentes de tráfico, y en segundo lugar, tardaban 15, 17 años en que existiera reparación cuando se llegaba a una investigación, excepcional, y una condena todavía más excepcional. Quiero resaltar que si el año 2001 quedó marcado por los acontecimiento y las consecuencias que vinieron después, el año 2011 ha venido marcado por las revueltas y manifestaciones en los países del Africa del norte y oriente medio. La primavera árabe ha dado voz a millones de personas que hartas de una vida llena de abusos, privaciones y violaciones de derechos, salen a la calle a exigir dignidad y todos sus derechos, el fin de los gobiernos dictatoriales y las monarquías absolutas, pero también debe ser recordado como una la violenta represión, con la que respondieron las autoridades, y mucha de estas represiones tuvieron que ver con la tortura, los malos tratos especialmente hacia la mujer. Como por ejemplo, las torturas que utilizaron los militares egipcios (aunque se han comprometido a no cometerlas nunca más) con las pruebas de virginidad a mujeres detenidas. Esto es importante para que veamos el sentido de la excepción. En Egipto y en Túnez había leyes excepcionales que se prolongaron durante 30 años. El régimen excepcional de detención en Egipto estaba desde el año 81. ¡Vaya excepción! Un poco larga. Pero en resumidas cuentas, esta es una zona donde es posible avanzar contra la tortura. Termino diciendo que la práctica de la tortura es muy vieja. Su prohibición es absoluta pero las excepciones y el miedo que utilizan los gobiernos hacen que documentemos casos cada año casos en casi 100 países. No nos dejemos marear. Back to Basic.Recapitulemos: a) torturar es un delito y debe ser investigado por los estados, no por los torturados. La carga de la investigación, de las pruebas de que he sido torturado no debe caer sobre mí, sino sobre los estados, como cualquier delito. b) No hay excepción a la prohibición. Las víctimas de la tortura y los malos tratos son víctimas de los derechos humanos. No importa si han cometido o no un delito. c) Las víctimas de la tortura no son culpables de ser torturadas. Merecen, como todas las víctimas, saber la verdad de lo ocurrido, obtener justicia, reparación y reconocimiento. Todo lo demás es marear la perdiz y acercarnos a un lugar muy peligroso: que sólo prohibimos puntualmente la tortura cuando se comete sobre presos con buen pedigrí. Y ese lugar, desde luego, yo no lo quiero.

Periodista del diario El Público

Isaac Rosa

Cuando Jorge como director de esta mesa redonda, previa a la obra, hizo reparto de papeles, a mí me tocó el de personaje que habla de la función de los medios de comunicación, del lugar de la tortura en los grandes medios de comunicación de España. Lo primero que pensé es que poquito iba a poder hablar hoy. Me había dado un papel con pocas frases porque si pensamos o atendemos el espacio que en los grandes medios ocupan la tortura, las denuncias por tortura, los informes de las asociaciones, o el espacio que dan al debate o la erradicación de la tortura, poco podría hablar aquí porque poco se publica en esos grandes medios. De hecho para venir aquí, he estado consultando hemerotecas e internet, y lo que más he encontrado es precisamente artículos de Javier Ortiz que es de los poco periodistas que aquí en España durante varias décadas ha escrito con cierta regularidad, además, sobre la tortura, sobre esos informes de la situación en España y de los pocos periodistas que lo hacían con contundencia, llamando a las cosas por su nombre, llamando “tortura” a la tortura, que es una palabra mayor, gruesa que cuesta verla escrita en un periódico en la radio o la televisión. Él lo decía con todas las letras. Quitando esos artículos poco encuentra en las hemerotecas de estos últimos años. Y si cogemos los informes de la coordinadora contra la tortura, de los organismos internacionales, uno ve muchos huecos, en los que ha habido casos, denuncias, y no ha tenido reflejo en los medios. Lo que nos lleva a pensar que si tal como se dice la tortura es un agujero negro social y político, policial, también lo es periodístico en los grandes medios. Esto provoca también una forma de cómo los ciudadanos nos relacionamos con esos medios, con lo que publican. Pensamos que los medios reproducen la realidad, y que lo que no se refleja en los medios de comunicación, no existe. De ahí que muchos ciudadanos piensen que la tortura se ha erradicado en España. Como no aparecen los casos en los grandes medios será que no hay en España. Y no es así. Basta con ver esos informes, denuncias, en los pocos casos que se producen sentencias… En los medios no se produce ese debate que sería necesario. Eso no significa que en los medios no haya espacio para esa tortura, sino que lo hay en otro sentido. Los medios, y estoy generalizando y pensando en los grandes medios de comunicación españoles y mundiales, juegan un papel en la construcción de ese relato de las formas de tortura. Los medios, salvo algunos casos, no defienden la tortura como tal, sí que fijan o amparan la narrativa que rodea la tortura, sí que contribuyen a hacerla tolerante, a naturalizarla, o permiten esos espacios de impunidad, y sí que acaban creando ese caldo de cultivo y que disimula el envilecimiento de una sociedad cuando acepta la tortura. En una de sus columnas, Javier Ortiz, nos alertaba, tal y como hace la obra, que la tortura es un viaje sin retorno que no permite excepciones. Cuando uno empieza a hacer excepciones, ya no hay vuelta atrás. La obra que vamos a ver hoy plantea un dilema con el que se enfrenta a los espectadores que ya lanzó Javier Ortiz en alguna columna, o en una conferencia: el dilema es si en circunstancias excepcionales torturaríamos. Es el mismo dilema que a menudo nos plantea en algunos medios de comunicación: el de si el fin justifica los medios, del mal menor frente al bien superior, de la causa mayor… se plantea en los medios de comunicación, por parte de algunos columnistas y sobre todo, por parte de esa nueva especie que tenemos en los medios de comunicación que son los tertulianos. Todos hemos visto en tertulias radiofónicas o televisivas subidas de tono que realmente en las que se acaba haciendo una apología de la justificando la tortura o de algunos excesos o algunas formas de tortura. Lo hemos visto estos años en la llamada guerra contra el terrorismo global con todo lo que tenía que ver con Guantánamo, los secuestros de la Cía.. que en muchas ocasiones se han justificado. No se han defendido abiertamente, pero sí justificado ese bien superior que se perseguía con ese mal menor. Pero lo hemos visto en España durante muchos años con nuestra particular guerra contra el terrorismo, con los GAL de los que recordemos que muchos se opusieron no porque estuvieran en contra de la tortura sino porque tenían un interés político en aquel momento. Pero también lo hemos visto en la lucha contra el terrorismo posterior a los GAL, en las leyes que se han creado en España precisamente por la lucha contra el terrorismo, en la forma en que se han retorcido algunas leyes, en el todo vale que se ha aplicado en algunos momentos, en la supresión de derechos en algunos momentos, las teorías del entorno del entorno, la negación de la tortura aquí en España, que se ha negado una y otra vez, en base a ese argumentario distribuido por la policía en cada momento en el que el terrorista declara haber sido torturado casi por rutina, porque así lo indica su manual de perfecto terrorista. Pero también hemos visto en los últimos años cómo se ha construido el relato de los medios que ampara la tortura. Lo hemos visto cuando se ha criticado a quienes perseguían a los torturadores de otros países y se pedía que se acabara con esa jurisdicción internacional que los perseguía. También cuando se ha criticado a quien quisiera juzgar a los torturadores del Franquismo. Estamos viendo cómo son prácticamente despedidos como padres de la democracia. Y lo hemos visto también en un caso como el de Marta del Castillo.

cuando hemos oído decir a tertulianos que la policía debería de haberle dado buenas ostias a esos chavales para que dijeran dónde estaba el cadáver, preguntándose en la radio o en la televisión cómo un policía hecho y derecho no podía sacar esa información. Lo hemos visto en el discurso permanente que llama al endurecimiento de las leyes, que llama a hacer justicia más allá de la justicia, en el silencio que hay sobre lo que ocurre en las cárceles, sobre lo que ocurre con los delincuentes comunes, que también sufren estas situaciones de tortura y malos tratos aunque no se conozca tanto. Lo hemos visto en lo que ocurre con algunas cargas policiales especialmente violentas, en esa infamia que es en España los centros de internamiento de extranjeros, en las redadas policiales, en los centros de menores… Todo ese espacio de impunidad que nos envilece como sociedad, y que lo permiten en muchos casos los medios de comunicación con ese relato que construyen. Se me ocurre que podríamos hacer todos, al terminar la obra, un ejercicio de periodismo ficción para poder seguir analizando cómo los medios amparan la tortura, que sería pensar cómo informarían ciertos medios, columnistas y tertulianos si en España existiera un caso como el de la obra, un José K que hubiera sido detenido en esas circunstancias y que además, fuera torturado de esa manera. Sería un juego interesante. Para terminar había traído una columna de Javier Ortiz, de las muchas que escribió Javier Ortiz sobre la tortura. En este caso nos interpela y nos coloca en esa situación. Fue publicada en El Mundo en 1997 y se titula: ¿Se opone usted a la tortura?

Magistrada emérita y ex vocal del Consejo General del Poder Judicial

Manuela Carmena

Decíais qué haríamos si conociéramos uno de esos casos. Bueno, la verdad es que por el trabajo que estoy haciendo ahora, esta semana, la pasada, la anterior… me estoy entrevistando con personas que relatan haber sido torturadas. Me diréis que eso ha pasado hace mucho. No, algunos son del 79, otros del 2002 y otros de hace 15 meses. Al oír estas relaciones a veces siento desesperanza. ¿Cómo es posible? Yo no lo sabía. Yo he sido magistrada hasta hace nada. He estado en la Audiencia de Madrid. Y os aseguro que no lo sabía. Y ahora cuando veo lo que ha sucedido… cuando veo lo que le ha sucedido a las personas que han denunciado ser víctimas de tortura y cuál ha sido la respuesta judicial me siento embargada de una profunda vergüenza de pertenecer a un colectivo que ha mirado para otro lado y no ha tenido la capacidad de cumplir con la misión que corresponde por la esencia de lo que significa el papel judicial. Pero como uno no puede vivir en el desánimo ni es mi estilo, conviene recordar algunas cosas. Hay un libro que es para mí casi de cabecera que adoro que se llama La invención de los derechos humanos de Linn Hunt, que algunos habréis leído. Anima muchísimo. Es una profesora historiadora norteamericana que tiene una teoría maravillosa que voy a lanzar al principio de mi intervención y luego la voy a recoger: los Derechos Humanos se desarrollaron a lo largo de la historia de la humanidad por el desarrollo de los procesos de empatía, de la capacidad de mirar un ser humano a otro como otro ser humano, no como un ajeno. Explica cómo en ese contexto, hubo un jovencito aristócrata, el famoso César de Beccaria, en el 1774, que cuestionó la tortura, la cual hasta ese momento formaba parte de los procedimientos judiciales. Eran las técnicas, procesos, la manera de investigar la verdad. Cuando se prohibió la tortura fue a lo largo del siglo XIX, 1790… por aquel entonces se prohibe. No está mal pensar que vamos avanzando. A veces nos cuesta… Habéis estado clarísimos al hablar de los retrocesos… En la evolución de los Derechos Humanos se va para adelante y para atrás. Pero aparte de este insuflar el ánimo, contemplando que hay una positiva evolución de la humanidad, cabe preguntarse cómo es posible que la judicatura haya mirado para otro lado. En el concepto de la tortura, que ni se me pasa por la cabeza leeros aquí porque es lo que es, un concepto y ya sabemos todos lo que es torturar, existe esa frase última que ha sido el asidero para toda una actitud de la judicatura: “No se considerarán torturas los dolores o sufrimientos que sean consecuencia únicamente de sanciones legítimas o inherentes o incidentales a ésta”. Pues ya está. La solución es normalmente ya hablaremos de esto. Ya sabemos que es difícil probar determinadas torturas porque ha habido mucha innovación en materia de la tortura. Se va normalmente a torturas que no dejan rastros porque las que dejan rastros son más incómodas. Pero de todas maneras, si dejan rastros la solución es aceptar que ha habido unas lesiones, pero que se las ha causado la misma persona que ha sido sujeto de las mismas, normalmente, porque ha tenido un acto de violencia contra la fuerza pública o porque en la desesperación se ha golpeado sistemáticamente en las paredes de los calabozos, etc. Hay dos pinceladas que os quiero dar que responden a algunos a los casos que he escuchado estos días. Hay una persona que efectivamente tiene unas lesiones brutales por un azar de la vida y porque yo creo que cuando llegó al centro penitenciario los médicos del centro no quisieron que se pensara que las lesiones habían sido causadas allí y le hicieron unas fotografías. Esas fotografías yo no las había visto, aunque están en la red. Es de una persona brutalmente golpeada. Pues la resolución, el auto por el que se sobreseen estas actuaciones es que sin lugar a ninguna duda esta persona mintió y por eso se pide que se deduzca una denuncia contra él por falso testimonio porque fue él el que se las causó a base de darse un golpe muy grande en la celda. ¡Cómo es posible que un magistrado con nombre y apellidos, que está ubicado diga esto! Cuando uno lee los textos se observa que en ningún momento ese magistrado ha hablado con el denunciante. ¡Al torturado ni se le ha escuchado! En este mismo caso, sucede que recurre el abogado, va a la Audiencia y pide simplemente que se le oiga. Contesta la Audiencia: no es necesario que se le oiga. Y así acaban las cosas.

Me contaba otra persona que escuchaba estos días: Cuando lo denuncié ante el juez de instrucción me dijo lo siguiente: Llevo 25 años trabajando con la Guardia Civil y jamás han hecho una cosa igual. Es usted un mentiroso. No calumnie a la Guardia Civil. Sin más. Sin hacer una sola prueba.

Claro, en esta situación una de las cosas que parecen imprescindibles es que de una vez por todas los espacios donde se toman las declaraciones no sean espacios de impunidad. Los mecanismos internacionales están diciendo reiteradamente a España que es necesario que haya una grabación de las declaraciones que se llevan a cabo en la Comisaría de policía, de todas las declaraciones que se producen desde el momento en que se produce la detención, etc. Está ahí. Algunos magistrados de la Audiencia Nacional lo acordaron y ven que ha dado resultado. No hay más que ver las estadísticas en las que se muestra que en aquellos juzgados en los que se han llevado a cabo estas grabaciones, ha dado resultado. Lo que sí quiero decir es que conmovida por lo que estoy diciendo, a una amiga del alma, la llamo y le digo lo impresionada que estoy de lo que estoy viendo y ella me dice: “sí, pero es que esta gente mata”. Bueno qué quiere decir esto, pues que de alguna manera la sociedad lo acepta, lo ve como un mal menor. Tenemos la obligación de explicar claramente que la manera de que las personas cambien de actitud nunca puede ser a base de vulnerar sus propios derechos. Si hay algo que confirma, si hay algo que consolida, que bloquea la actitud del que está fuera, del que agrede al Estado, a la sociedad, es tener precisamente la condición de ser el víctima, porque está viviendo esa situación. En un librito muy pequeño que escribí decía que el único tratamiento posible para los presos de convicción, personas que deben cumplir una condena por hacer actos ilícitos muy graves pero que son fruto de la convicción, es el respeto exquisito de sus derechos, la apreciación exquisita en el cumplimiento de todo el ordenamiento jurídico y después la insistencia sistemática en la revisión de sus planteamientos idieologicos que justifican la privación de la vida en el seno de un determinado conflicto. Así es. Estoy absolutamente segura. Y vuelvo a recordar. Cuando Linn Hunt dice que la evolución del ser humano radica en la capacidad de empatizar con otro ser humano, quiero citaros un libro y acabo: El tazón de hierro, de una de las personas que fue miembro del GRAPO durante mucho tiempo, Félix Novales, y que relata de una manera deliciosa cómo después de haber sufrido las torturas en la Policía Nacional, hay una médica que le trata con dulzura y cuida sus heridas y, en un determinado momento le mira a la cara y le dice: “Por qué matáis”. Esa pregunta es la que desarrolla todo un proceso de arrepentimiento y de reflexión que le lleva a Félix a dejar la violencia. Ése es el camino.

http://www.afaprema.com/ponencias-tortura/

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