Panfleto: ¿Por Qué Los Anarquistas Nos Oponemos A Las Prisiones?

Es un hecho que los políticos y los sesudos opinólogos de los medios de comunicación llevan tiempo cacareando a los cuatro vientos la tibieza de nuestro sistema penal y la laxitud de nuestras instituciones en materia judicial, dando a entender que en España los delincuentes entran en la cárcel por una puerta y salen por la otra cuando no campan a sus anchas sin apenas sanción alguna. Quizá sea por ello que cuando los anarquistas decimos eso de “Abajo los muros de las prisiones” o “Las cárceles son centros de exterminio” mucha gente se sorprende y nos mira con incomprensión o rechazo como si habláramos de algo completamente absurdo.

Pues bien, en estos tiempos en los que la petición del endurecimiento del código penal y la instauración de la cadena perpetua son un recurso dialéctico imprescindible para cualquier politicucho de “pro”, cualquiera sea su plumaje, se hace necesario aclarar que España es el país con la tasa de reclusión más alta de toda la Unión Europea (164 reclusos por cada 100.000 habitantes, frente a 96 en Francia o a 84 en Alemania); y eso que su tasa de criminalidad es una de las más bajas de todo el continente.

De hecho en España el número de personas presas prácticamente se ha duplicado en los últimos diez años, superando en la actualidad la astronómica cifra de 76.000 reclusos ¡y eso que a finales de la época de Franco apenas había 15.000! Mientras tanto, y en contra de la percepción social, la delincuencia ha disminuido considerablemente durante la última década.

En cuanto al recurrente tema de la cadena perpetua revisable, “tan arraigada en otros lugares de Europa”, decir que en España los sucesivos endurecimientos del código penal han elevado hasta a los 40 años el tiempo máximo de estancia en prisión (en los casos de terrorismo, 30 para el resto,) mientras que en los países europeos en los que se aplica la cadena perpetua nunca un condenado alcanza tanto tiempo entre rejas. En Alemania por ejemplo, uno de los lugares de Europa donde más tiempo se tarda en revisar esta pena (15 años), la media de tiempo en prisión para los que la padecen está entre 17 y 20 años, aumentando a entre 23 y 25 en casos de crímenes con especial ensañamiento. Aquí, sin cadena perpetua, un “terrorista” con delitos de sangre cumple los 40 años de condena a pulso y sin posibilidad alguna de remisión.

Aun así, como los anarquistas cuestionamos la esencia misma del sistema penitenciario, al considerar que la delincuencia es un fruto ineludible del injusto reparto de las riquezas, nos encontramos a menudo con la pregunta de “¿Qué hacer entonces con los criminales?” planteada con la extrañeza de aquel que piensa que “esto siempre ha sido así” o que es una cosa “de toda la vida”. Pero la realidad es otra, puesto que el sistema carcelario tal y como lo conocemos apenas tiene doscientos años de existencia. No fue si no hasta el siglo XIX que se instituye la cárcel como castigo al creciente número de pequeños delitos resultantes de la aparición del capitalismo. La necesidad de castigar un mayor número de infracciones de baja cuantía contra la propiedad privada, y de hacerlo de una forma menos truculenta que recurriendo a los castigos corporales que hasta entonces se estilaban, instauró las bases del sistema punitivo tal y como ahora lo conocemos. Evidentemente no estamos abogando por una vuelta a la época de las galeras y los “tormentos” públicos, solo ponemos de manifiesto que el sistema carcelario no es más que un moderno resultado del ascenso del capitalismo.

Teniendo en cuenta que la abrumadora mayoría de la población reclusa (más de un 70%) lo está por delitos contra la propiedad (robo y hurto) o contra la salud pública (tráfico de drogas), cabría suponer que un reparto más equitativo de la riqueza, la despenalización del consumo de estupefacientes y una mejora del nivel educativo acabarían con la inmensa mayoría de las causas que motivan el inhumano procedimiento del secuestro institucional. Porque resulta que los violadores y asesinos apenas representan una cifra inferior al 10% de los encarcelados, y seguro que en una sociedad más justa y horizontal se encontrarían mejores métodos para lidiar con esta problemática. Aún sin encontrarlos, habríamos eliminado el 90% de las razones que justifican estos modernos centros de exterminio que, al fin y al cabo, no sirven sino para esconder debajo de la alfombra las pruebas del fallo del orden social.

abordaxerevista.blogspot.com

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: