Muertes En Prisión: 5ª Muerte Por Droga En Alhaurin Y 1er Suicidio En La Macrocárcel De Pamplona

Un hombre joven (30 años) fue hallado muerto este jueves en una celda de la prisión de Alhaurín de la Torre. La investigación apunta a que la causa del óbito sería una reacción adversa al consumo de sustancias estupefacientes, por lo que se convertiría en el quinto preso que fallece en similares circunstancias en el centro penitenciario malagueño durante el último año.
El cadáver del interno, que estaba pendiente de traslado a Melilla, fue encontrado a mediodía del pasado jueves. Los funcionarios de la prisión avisaron a la comisión judicial para iniciar la investigación. El cuerpo fue trasladado al Instituto de Medicina Legal de Málaga (IML), donde este viernes se le realizó el examen forense.
Desde julio del año pasado, cinco reclusos han fallecido dentro del centro penitenciario de Alhaurín por posible reacción adversa a las drogas o supuestas sobredosis, aunque varios de estos casos aún se encuentran en investigación al estar pendientes de pruebas complementarias a las respectivas autopsias.
Último caso
El último de estos sucesos tuvo lugar el pasado 23 de abril, cuando unos funcionarios descubrieron el cadáver de un preso de 32 años que yacía sobre la cama de su celda. Ese mismo día, otro interno fue evacuado de urgencia al hospital por una intoxicación grave derivada aparentemente por el consumo de alguna sustancia estupefaciente.

Las otras tres muertes provocadas presuntamente por sobredosis se produjeron el 23 de julio y 11 de octubre del año pasado, y 15 de marzo de este mismo año. En todos los casos se trataba de personas de escasa edad que no presentaban patologías previas

Primer suicidio en la macrocárcel de Pamplona

Puede ser que la pena privativa de libertad que se aplica como castigo ante la comisión de determinados delitos sea menos espectacular que las penas corporales que se han aplicado en otros momentos históricos con el mismo fin. Quizás por ello la muerte en la cárcel por una enfermedad o por suicidio no es considerada por lo general como una condena de muerte, puesto que también fuera de sus muros se puede morir con frecuencia de este modo. La mayoría de las veces un suicidio en prisión termina siendo simplemente noticia en dos líneas de un periódico de tirada local a menos que éste de lugar a una oleada de suicidios como a veces sucede, porque ya se sabe que los suicidios en prisión “son contagiosos”.

Pero en realidad, a pesar de la poca importancia que se le da al suicidio dentro de las prisiones lo cierto es que la muerte dentro de éstas es una sentencia oculta de pena de muerte y nos revela que la cárcel ha modificado poco las consecuencias de la pena corporal, por que también la cárcel lleva a la muerte. Y cuando lleva a la muerte, ésta no se puede banalizar ni pasar desapercibida como un evento más.

El pasado miércoles 29 de agosto se produjo el primer suicidio en la nueva macro cárcel de Pamplona. Un hombre se cortó las venas en su celda y posteriormente se tragó el instrumento con el que se había cortado falleciendo a los pocos minutos de llegar al Hospital. Este hecho tan grave no puede quedar en la indiferencia y en el olvido en el que por lo general quedan las atrocidades que se suceden en las cárceles porque, aun criticando y siendo frontalmente contrarios a la pena privativa de libertad, dado que existe, el deber de la Administración Penitenciaria es el de cumplir con las obligaciones que le han sido impuestas. Esto es, tiene la obligación de velar por la vida de las personas presas y por el respeto de sus derechos y porque las penas privativas de libertad se ejecuten en pro del cumplimiento de la finalidad que le han atribuido, la “reinserción”, y no que la cárcel termine en muerte.

Lo que es el colmo es que un suceso como este se ridiculice hasta la ofensa como ha hecho Instituciones Penitenciarias en este caso (y en otros muchos). Ridiculizar y ofender al afirmar que este suicidio no ha sido tal y calificarlo como una muerte en “la mesa de operaciones”.

Con la muerte de una persona presa por un suicidio dentro de prisión, por una repentina enfermedad psicosomática, por una larga enfermedad incurable a pesar de la cual no dejaron cumplir a la persona presa su condena fuera de la cárcel ya sea por la alarma social que suscitaron sus delitos, por cuestiones políticas o simplemente porque no se consideró oportuno ni por parte de la Junta de Tratamiento ni por el Juez de Vigilancia Penitenciaria de turno o por cualquier otro motivo en el que acontezca una muerte entre los muros de las prisiones la realidad se impone y se expone clara advirtiéndonos no solo de que no tenemos una regulación penitenciaria humana, sino que la prisión mata y que impone sentencias de muerte por vía de hecho.

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