La Política Del Equipo Terapéutico De La Cárcel Es El Control, No La Curación

Entrevista a Joaquín Manrique, preso en lucha, desde la cárcel de Brians 2

El absoluto abandono sanitario no es una situación anómala dentro de las cárceles del Estado. Las precarias condiciones materiales existentes y el doble rol en que se inmiscuyen lxs encargadxs de dar atención médica a lxs presxs (aquél de médico y aquél de funcionario carcelero) convierten el ámbito de la salud en un dispositivo más del engranaje punitivo, de control y de tortura que representan las cárceles. “La negligencia es la norma”, afirma Joaquín Manrique, que es un claro ejemplo de cómo la salud de lxs presxs viene utilizada como método sancionador. Se encuentra en el módulo de enfermería de la prisión de Brians 2, su estado de salud es muy delicado y necesita con urgencia tratamientos y medicinas específicas. El hecho de haber mantenido un rol políticamente activo desde el interior de la cárcel -participando en la Campaña Cárcel=Tortura a través de la denuncia de situaciones de maltrato, vividas principalmente en el penal de Lledoners- le ha supuesto que el personal médico haya atendido sus necesidades de salud de forma absolutamente deficitaria, cuando no nula.Descartando cualquier pseudo-función de las prisiones como lugares con objetivos de reinserción y de resocialización, es evidente que la cárcel es, por esencia, una institución a la cual compete la administración del castigo, del sufrimiento y de la tortura. De esta manera, el encierro y el control absoluto sobre el cuerpo de las personas presas −condiciones desnaturalizadoras y enajenantes del ser humano− adquieren un efecto devastador en la salud física y mental de lxs presxs. Dicho de otra forma, la prisión es una maquinaria de tortura que provoca un sinfín de enfermedades, y, siendo el sufrimiento su propósito, la enfermedad es una condición que le permite justificarse y auto-perpetuarse.

Si ya la cárcel como concepto es productora y reproductora de enfermedad, ello se hace patente cuando nos adentramos en el rol de quienes están a cargo de resguardar la salud (médicos) y en las condiciones materiales (infraestructura y equipamientos) para garantizar tal resguardo. “Los medicamentos me los dan, aunque me puse en huelga de hambre en una ocasión para recibirlos, pero el tratamiento es muy malo”. En primer lugar topamos con que los funcionarios-médicos actúan haciendo prevalecer su papel de funcionario carcelero sobre el de médico. Bien claro lo transmite Joaquín al denunciar que “no te tratan como a un paciente, si no como a un preso”; bajo esta lógica adquiere el personal sanitario un rol de control punitivo a través de la salud, dosificando el sufrimiento. Si a esto sumamos las precarias o nulas condiciones materiales para la administración de tratamientos adecuados a los diversos problemas de salud de lxs presxs, nos encontramos con un abandono sistemático de las personas enfermas dentro de las cárceles. Cabe mencionar que ellas representan un alto porcentaje del total de la población presa, con lo cual no es errático afirmar que este abandono es un instrumento más de tortura y maltrato en el interior de las prisiones.

Hemos conversado con Joaquín Manrique sobre su situación, paradigmática de la realidad sanitaria en los centros penitenciarios. Su salud empeora cada día, y le están siendo denegados los permisos y el tercer grado de manera sistemática. Evidentemente su postura política y de denuncia dentro de la cárcel ha determinado el tipo de trato y atención que está recibiendo por parte de los funcionarios-carceleros. Esta entrevista no pretende, sin embargo, ser un testimonio victimizador. Sí el grito de un preso en lucha que viene a hablarnos de su realidad y, tácitamente, de la necesidad imperiosa de que él, como tantxs otrxs presxs en similares condiciones de salud, deban ser excarcelados de forma inmediata.

¿Cual es tu situación judicial actual?

Estoy penado a un total de 7 años y 3 meses de prisión por 6 delitos. Me queda una causa pendiente de juicio y estoy esperando la refundición de condenas [el triple de la condena mayor]. Mi condena sería de 6 años.

He pedido tres veces la libertad condicional por enfermedad grave; en dos ocasiones me la han denegado, por lo que se ve, soy peligroso y puedo volver a cometer delitos, aún cuando estoy muy debilitado. Actualmente en Brians 2 salgo dos horas al patio y para mí es un suplicio, estoy sufriendo y no veo el momento de volver a la cama.

¿Cuál es tu estado de salud y qué respuesta has obtenido del personal sanitario de la cárcel en cuanto a trato y entrega de medicamentos?

Los medicamentos me los dan, aunque me puse en huelga de hambre en una ocasión para recibirlos, pero el tratamiento es muy malo, muy pésimo. No te tratan como a un enfermo, como a un paciente, sino como a un preso, uno más, y te exigen cosas que yo no puedo realizar. Yo tengo problemas óseos y me cuesta moverme con facilidad; por otro lado estoy muy debilitado ya que a raíz de un cáncer de garganta que tuve me cuesta mucho tragar, tengo que alimentarme a base de líquidos y tampoco puedo masticar con facilidad pues me faltan muchas piezas dentales (estoy pendiente todavía de la visita al dentista). Mi estado de salud, en general, es muy grave y estoy muy debilitado, pero igualmente se me exige un horario, tanto para comer, como para levantarme, vestirme, hacer la cama, etc… es imposible para mí realizar eso todas las mañanas y en 15 minutos. He perdido ya 20 kilos, ahora peso 50 kilos y mido 1’75 metros.

No hay humanidad, todo les da igual.

Desde tu vivencia en el módulo de enfermería en Brians 2 ¿Cómo ves el tratamiento de los casos de enfermedad en la cárcel?

Mal, en la enfermería la mitad son gente mayor o chavales con rotura de huesos, por jugar a fútbol en el patio y estas cosas.

El tratamiento es un cero a la izquierda, tú no tienes ni voz ni voto y cuando replicas por algo, amenazan con darte de alta, aunque donde debas estar sea en la enfermería.

¿Crees que las negligencias médicas son casos aislados o son parte de un maltrato sistemático en el interior de la cárcel?

Es la norma… la negligencia.

¿Cómo crees tú que la salud es utilizada por los equipos terapéuticos como un mecanismo de control al interior de las cárceles?

La política es el control, no la curación. Esto es como si fuera un campo de concentración.

¿Crees que estás pagando las consecuencias de haber denunciado malos tratos en el Centro Penitenciario de Lledoners?

No tengo ninguna duda, sí creo que estoy pagando las consecuencias por denunciar. Esto son represalias. Estoy convencido.

Solidaridad con Joaquín Manrique

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